lunes, 7 de abril de 2014

Pirandello y la construcción de la identidad


Pirandello, sobre la identidad y la realidad como construcciones, y el nombre como impostura (abajo improviso una traducción):

“Ah, voi credete che si costruiscano soltanto le case? Io mi costruisco di continuo e vi costruisco, e voi fate altrettanto. E la costruzione dura finché non si sgretoli il materiale dei nostri sentimenti e finché duri il cemento della nostra volontà. E perché credete che vi si raccomandi tanto la fermezza della volontà e la costanza dei sentimenti? Basta che quella vacilli un poco, e che questi si alterino d’un punto o cangino minimamente, e addio realtà nostra! Ci accorgiamo subito che non era altro che una nostra illusione.” (p. 54)

“(…) perché una realtà non ci fu data e non c’è, ma dobbiamo farcela noi, se vogliamo essere: e non sarà mai una per tutti, una per sempre, ma di continuo e infinitamente mutabile.” (p. 78)

“Nessun nome. Nessun ricordo oggi del nome di ieri; del nome d’oggi, domani. (…) Non è altro che questo, epigrafe funeraria, un nome. Conviene ai morti. A chi ha concluso. Io sono vivo e non concludo. La vita non conclude. E non sa di nomi, la vita. Quest’albero, respiro trèmulo di foglie nuove. Sono quest’albero. Albero, nuvola; domani libro o vento: il libro che leggo, il vento che bevo. Tutto fuori, vagabondo.” (pp. 188-189)

Luigi Pirandello, Uno, nessuno e centomila (1926).



Por si alguien prefiere una traducción, ahí va ésta:

“Ah, ¿vosotros creéis que sólo se construyen las casas? Yo me construyo continuamente y os construyo, y vosotros hacéis lo mismo. Y la construcción dura hasta que no se resquebraja el material de nuestros sentimientos y hasta que dura el cemento de nuestra voluntad. ¿Y por qué creéis que se insiste tanto en la firmeza de la voluntad y en la constancia de los sentimientos? Basta que aquélla vacile un poco, y que éstos se alteren un tanto o cambien mínimamente, ¡y adiós a nuestra realidad! De repente nos damos cuenta de que no era otra cosa que una ilusión nuestra.”

“(…) porque no se nos ha dado ninguna realidad y no la hay, sino que debemos hacérnosla nosotros, si queremos ser: y no será nunca una para todos, una para siempre, sino continua e infinitamente mutable.”

“Ningún nombre. Ningún recuerdo hoy del nombre de ayer; del nombre de hoy, mañana. (…) Un nombre no es otra cosa que esto, un epígrafe funerario. Va bien a los muertos. A quien ha acabado. Yo estoy vivo y no me acabo. La vida no se acaba. Y no sabe de nombres, la vida. Este árbol, respiración trémula de hojas nuevas. Soy este árbol. Árbol, nube; mañana libro o viento: el libro que leo, el viento que bebo. Todo fuera, vagabundo”.

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