Aunque valoro antes la obra que la vida y milagros de un autor o creador, y no suelen interesarme las biografías de figuras de la cultura, soy, como todos, contradictorio, y lo anterior tiene excepciones. Pues sí, hemos pasado un 1º de Mayo totalmente pasoliniano. Fue bastante improvisado, que es como a menudo salen mejor las cosas. Habíamos decidido pasear por el quartiere Ostiense, dejar que los críos corretearan entre las columnas de la basílica de San Paolo fuori le mura y jugaran luego en el adyacente parco Schuster. Había leído que a dos pasos de allí está el restaurante “Al biondo Tevere”, y había reservado mesa. El sitio fue célebre lugar de encuentro de escritores, artistas e intelectuales de izquierda entre los años 50 y 70. Y conocido también porque allí fue donde Pier Paolo Pasolini, cliente habitual como sus amigos Alberto Moravia o Elsa Morante, cenó la noche del 1 de noviembre de 1975, un día antes de ser asesinado junto a una playa de Ostia. Comimos en la terraza sobre el río, un Tevere de riberas frondosas, no muy diferente de como las imaginaba cuando leí Ragazzi di vita. Luego cogimos el coche hasta el Palazzo delle Esposizioni para ver la muestra “Pasolini Roma”, todo un recorrido minucioso y emocionante por la vida y la obra de Pasolini y su relación con esta ciudad (en cada sala se ubica en planos los lugares destacados de su biografía y de su obra). Ya en casa, los niños dormidos, vimos el DVD “La voce di Pasolini”, que compré hace meses y que parecía estar esperando este momento. No se trata del enésimo documental sobre el escritor y director de cine, sino una sucesión de imágenes de archivo público, películas familiares privadas, fragmentos de películas y fotografías que acompañan a textos de Pasolini, seleccionados y leídos magistralmente por Toni Servillo. Artículos, fragmentos, poemas que hablan de Italia, de la injusticia, de la pobreza, del amor, de la homosexualidad, de la burguesía, de la sumisión, de la rebelión. Una pequeña joya para acabar este día redondo y, para variar, algo mitómano.
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viernes, 2 de mayo de 2014
lunes, 21 de octubre de 2013
amoR
La lozana andaluza tenía como soporte ese palíndromo clásico. Su relectura, junto con la de la Celestina, el Lazarillo y otras obras de los siglos de oro, me ayudó en la escritura de la parte de Inês do Carmo en mi novela Dos olas. Ahora, después de tres largos años de espera, ha llegado por fin la edición de mi novela y su promoción. Me llegan a través de internet las primeras impresiones de su lectura, y es extraño: todo esto sucede a mil y pico kilómetros de distancia. Pero lo más extraño es, después de dos meses aquí, que todavía me sorprenda de estar viviendo en Roma.
En los últimos dos meses la vida del autor de este blog ha cambiado de golpe. Meses sin escribir ni una línea, sin apenas reposo ni tiempo para leer. Ni un minuto para tratar de compartir lo sentido con esas escasas lecturas. Necesitaría una vida gemela para tratar de escribir algo sobre libros tan intensos y valiosos como La hora violeta, de Sergio del Molino; Por si se va la luz, de Lara Moreno; Coetzee, César Aira, la Vita di Pasolini de Enzo Siciliano (inevitablemente, empiezo a italianizar mis lecturas).
Meses de cambios intensos, sí, que todavía no acaban. Mudanza en el sentido completo: de lugar, de objetos y gentes, de lengua, de país. También ser padre en otro país cansa. Acostumbrarse a otros ritmos, a otro elemento. Despacio. Hay tiempo. Roma es tiempo.
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