Hay tardes en que uno se siente tan pequeño. Y además está ese gusano (vacío, tristeza, no sé) que bulle adentro y nos empuja a salir, a ponernos en movimiento. Caminar hasta el Tevere, y allí seguir la trayectoria cruzada de grajos y gaviotas sobre el agua. De regreso a casa, el gusano dormido, buscar el libro que necesito y releer viejos subrayados. Y encontrarme allí, pensar que eso fue escrito para mí. Aprender algo de mi vida:
“Paseas, y los rostros de la gente te muestran las mil figuras posibles de la repetición – los miras como de niño mirabas a los adultos, a distancia. Hay quien anda por las calles con su sombra, otro acompaña a un perro imaginario mucho más presente que cualquiera de los perros reales, está el que lleva un caballo de la brida, y también el que va con un chimpancé de la mano – hay adolescentes que andan como en zancos, y ancianos que caminan casi de rodillas. Los tímidos siempre acarrean dos cubos llenos de lluvia, los prepotentes conducen una cuadriga ilusoria tirada por cuatro yeguas blancas, y los fatuos airean una pandereta. Pero el que pasea no tiene nada que ver con los adultos. Esos tipos nunca serán tu gente. El que pasea siempre pasea con un niño de la mano: es siempre el niño imposible que fuimos quien pasea con nosotros – un niño que ha decidido aprender algo de su vida y, mientras en la escuela se ofician los funerales por el día de mañana, él se regala una tarde de novillos.”
De una relectura de Miguel Morey, Deseo de ser piel roja, Anagrama, 1994, p. 121.
“Pero en este momento de éxtasis de mis fantasías más brillantes existe un descanso, el divino entr’acte, a medio camino entre la nada y el brotar de la vida. Este instante demiúrgico, lleno de la más explosiva fertilidad, como antes de una erección, es el lugar en el que se cruzan los círculos de la nada y el arco iris de la vida, es el instante infinitesimal en el que unas cosas acaban y otras empiezan, es el silencio fecundo que reina sobre el mundo antes de que los pájaros lo dispersen con sus picos y los ungulados y las fieras lo pisoteen, es el silencio postdiluviano que los menudos incisivos de la hierba aún no han roído ni los vientos han perforado con sus trombones. Es aquel silencio único, irrepetible, el apogeo de su historia, la cima de su propia fertilidad, de la que ha de nacer el ruido del mundo”
(Danilo Kis, Jardín, ceniza, en el volumen Circo familiar, Acantilado, 2007, p. 179).
“(…) orgulloso de haber conseguido vencer mis pesadillas con mi propia voluntad, trataba de dar vueltas de un lado para otro antes de quedarme dormido, de modo que el sueño me sorprendiera del lado izquierdo, el que alberga al corazón, fuente de mis pesadillas, pero en el último momento, cuando el sueño empezaba a apoderarse de mí y ya no cabía duda de su llegada, hacía un último esfuerzo de conciencia y de voluntad y me volvía del lado derecho, en el que sólo soñaba cosas bonitas: iba en la bicicleta del tío Otto y echaba a volar por encima del río describiendo un gran arco… La conciencia de poder controlar mis sueños, incluso de poder encauzarlos con mis lecturas nocturnas o con mis pensamientos, provocó la explosión de mis más turbios instintos. El hecho de vivir, en definitiva, dos vidas (y ahí no cabía literatura alguna: mi edad no me permitía derrochar la pureza de mis sueños ni de mis mundos), una en la realidad y otra en el sueño, me provocaba una alegría excepcional y, sin duda, pecaminosa” (idem pp. 281-282).
“La solitude est
toujours accompagnée de folie. Je le sais. On ne voit pas la folie. Quelquefois
seulement on la pressent. Je ne crois pas qu’il puisse en être autrement. Quand
on sort tout de soi, tout un livre, on est forcément dans l’état particulier d’une
certaine solitude qu’on ne peut partager avec personne. On ne peut rien faire
partager. On doit lire seule le livre qu’on a écrit, cloîtré dans le libre”.
Marguerite Duras, Écrire (Gallimard,
1993).
(La soledad siempre está acompañada de
locura. Lo sé. La locura no se ve. A veces sólo se la presiente. No creo que
pueda ser de otro modo. Cuando se extrae todo de uno mismo, todo un libro, se
está por fuerza en el estado particular de cierta soledad que no se puede
compartir con nadie. No se puede hacer compartir nada. Uno debe leer solo el
libro que uno ha escrito, enclaustrado en el libro.)
En la relectura romana de La muerte de Virgilio de Hermann Broch, encuentro estos subrayados (turolenses) de hace catorce años. No ha cambiado nada, y han cambiado tantas cosas, pero el sentido permanece:
"(...) el juego en sí, el juego que el hombre juega con su propio símbolo y así, simbolizando –lo único posible– escapar a la angustia de la soledad, el bello engaño de sí mismo repetido de nuevo y de nuevo, la fuga hacia la belleza, el juego de la fuga" (p. 121)
"(....) porque del espacio de su más profunda presciencia, en que se había sostenido, le había fluido una última comprensión y con la rapidez del rayo reconoció que el estallido de la belleza es simplemente desnudo reír, y la risa el reventón predestinado de la belleza de los mundos; que la risa acompaña a la belleza desde el comienzo y en ella habita para siempre. (...) risa adversaria de la belleza universal, risa, desesperado sucedáneo de la confianza perdida en el conocimiento, risa como fin que corta la fuga hacia la belleza, el fin del juego interrumpido de la belleza" (p. 125)
Hermann Broch, La muerte de Virgilio, Alianza Literaria, 2000.
"–Ayer estaba en Ammán, sentado en un teatro romano, y experimenté una sensación peculiar. No sé si seré capaz de describirla, pero creo que percibí la soledad más como una acumulación de cosas que como una ausencia de ellas. Estar solo se compone de varias partes. Sentí que yo mismo me componía de una serie de cosas sin nombre. Me resultaba un concepto nuevo. Claro está que había estado viajando, moviéndome de un sitio a otro. Era el primer momento tranquilo que disfrutaba. Quizá no era más que eso. Pero sentí que estaba siendo ensamblado. Estaba solo y era, sencillamente, yo mismo."
Don DeLillo, Los nombres, traducción de Gian Castelli Gair, Seix Barral, 2011 (1982).
Estos días he estado leyendo poemas de Ada Salas, cuya palabra tiene la intensidad de un licor, con su fuego en la garganta y el sabor acedo que queda después. Comparto dos aquí:
Debajo de la luz había muertos.
Pronunciaban sus nombres como lluvia.
Ahora que la luz
se ha retirado
aprendo lentamente
el lento balbuceo del olvido.
No creía posible este silencio.
No hay nada aquí.
Una extensión abierta donde todo
podría consumarse
la muerte el huracán
la piel
el principio. Lugar
de apariciones.
Sólo soy el vacío.
La más pequeña luz puede colmarme.
Ada Salas, No duerme el animal (Poesía 1987-2003), Eds. Hiperión.
Pirandello, sobre la identidad y la realidad como construcciones, y el nombre como impostura (abajo improviso una traducción):
“Ah, voi credete che si costruiscano soltanto le case? Io mi costruisco di continuo e vi costruisco, e voi fate altrettanto. E la costruzione dura finché non si sgretoli il materiale dei nostri sentimenti e finché duri il cemento della nostra volontà. E perché credete che vi si raccomandi tanto la fermezza della volontà e la costanza dei sentimenti? Basta che quella vacilli un poco, e che questi si alterino d’un punto o cangino minimamente, e addio realtà nostra! Ci accorgiamo subito che non era altro che una nostra illusione.” (p. 54)
“(…) perché una realtà non ci fu data e non c’è, ma dobbiamo farcela noi, se vogliamo essere: e non sarà mai una per tutti, una per sempre, ma di continuo e infinitamente mutabile.” (p. 78)
“Nessun nome. Nessun ricordo oggi del nome di ieri; del nome d’oggi, domani. (…) Non è altro che questo, epigrafe funeraria, un nome. Conviene ai morti. A chi ha concluso. Io sono vivo e non concludo. La vita non conclude. E non sa di nomi, la vita. Quest’albero, respiro trèmulo di foglie nuove. Sono quest’albero. Albero, nuvola; domani libro o vento: il libro che leggo, il vento che bevo. Tutto fuori, vagabondo.” (pp. 188-189)
Luigi Pirandello, Uno, nessuno e centomila (1926).
Por si alguien prefiere una traducción, ahí va ésta:
“Ah, ¿vosotros creéis que sólo se construyen las casas? Yo me construyo continuamente y os construyo, y vosotros hacéis lo mismo. Y la construcción dura hasta que no se resquebraja el material de nuestros sentimientos y hasta que dura el cemento de nuestra voluntad. ¿Y por qué creéis que se insiste tanto en la firmeza de la voluntad y en la constancia de los sentimientos? Basta que aquélla vacile un poco, y que éstos se alteren un tanto o cambien mínimamente, ¡y adiós a nuestra realidad! De repente nos damos cuenta de que no era otra cosa que una ilusión nuestra.”
“(…) porque no se nos ha dado ninguna realidad y no la hay, sino que debemos hacérnosla nosotros, si queremos ser: y no será nunca una para todos, una para siempre, sino continua e infinitamente mutable.”
“Ningún nombre. Ningún recuerdo hoy del nombre de ayer; del nombre de hoy, mañana. (…) Un nombre no es otra cosa que esto, un epígrafe funerario. Va bien a los muertos. A quien ha acabado. Yo estoy vivo y no me acabo. La vida no se acaba. Y no sabe de nombres, la vida. Este árbol, respiración trémula de hojas nuevas. Soy este árbol. Árbol, nube; mañana libro o viento: el libro que leo, el viento que bebo. Todo fuera, vagabundo”.
“(…) no cuento nada de su infancia, nada de su padre, de su madre, de su familia, y su cuerpo, así como su cara, nos resultan completamente desconocidos porque la esencia de su problemática existencial tiene sus raíces en otros temas. Esta ausencia de información no lo hace menos «vivo». Pues crear a un personaje vivo significa: ir hasta el fondo de su problemática existencial. Lo cual significa: ir hasta el fondo de algunas situaciones, de algunos motivos, incluso de algunas palabras con las que está hecho. Nada más.”
Milan Kundera, El arte de la novela, Tusquets (1987)
En uno de esos raros tiempos de soledad leo en un bar, casi de un tirón, los poemas de Va verdad (Vaso Roto, 2013), de Antonio Méndez Rubio. Había leído antes poemas suyos, recomendados por Blanca, que lee mucha más poesía que yo y siempre me descubre nuevas voces (nuevas para mí, claro). Leer a Méndez Rubio es entrar en un círculo donde la voz se libera de la subjetividad del poeta, poesía de la sorpresa y de la ruptura del lenguaje, de los sentidos abiertos. Es difícil, pero a mí me gusta esta dificultad, aunque me quede a medio camino, incluso si me quedo a las puertas de algo que sólo intuyo, pero que ya despierta un goce por las palabras y los sentidos que alcanzo o le doy. Así me suele pasar con la lectura en general, y más con la poesía. (Y sí, paréntesis: puede que el disfrute de la lectura se acompañe de las circunstancias –porque no es cierto que no importe el lugar donde se lee o las circunstancias en que se hace: el lugar y el momento hacen también al texto–: un bar de vinos en la via Fratelli Bonnet, un vasito de ratafià –el licor más parecido al porto que he encontrado aquí– y Dexter Gordon sonando de fondo). Pero bien pronto he dejado de escuchar la música, creo que ha sido aquí:
III
Por lo demás que no
te alzas de la hendidura
definitiva
haciendo una grieta al futuro
sobre el aire de siempre no es
que no
sea verdad es que no
es ni siquiera posible
decirlo sin pensar, sin
olvidarse de
todo menos de ti.
Ahora, en la tranquilidad de la noche, vuelvo a leer algunos. No me atrevo a comentarlos, me limito a compartirlos:
XXXI
Tal vez. Espera. Escucha
desvanecerse el tema, el miedo.
Hay
nieve de sobra para estar a solas, juntos,
otra vez. La tierra la sostiene
aunque sólo sea por eso. Nada
se confunde con la ausencia de nada.
Esa alianza, que dimos por perdida,
suena sorprendidamente
perfecta al acogerlo. ¿Lo entendemos?
¿Qué más se puede decir?
¿Se separan las nubes o buscan otras?
Quédate un momento cerca
por si es posible. Daría todo por
oírte oírlas.
XLI
El suelo que era su sitio; por donde andaba sin acabar de erguirse, donde siempre volvía a caer… las cosas, las ramas, las paredes se movían, iban cambiando; y eso, atender a lo que cambia, ver el cambio y ver mientras nos movemos, es el comienzo del mirar de verdad.(M. Zambrano / J. Cage)
Tiempo al tiempo.
Mira: pasan nubes,
a través de su intensidad,
por un azar que aún es su sitio,
su cuerpo. Entretanto
removemos agua
con las manos abiertas o
aprendemos a pensar
más en coger trenes
que en esperarlos. No sabemos. Haz la prueba. En
una palabra, di: si
no es de eso, ¿de
qué vivimos?
LXVIII
Aunque
no conoces a nadie
ni nadie te conoce en una
tierra como esta tierra despertada
por la fuerza, ¿puedes
(por detrás de esa extrañeza
que te produce la luz) ver lo que hay dentro,
buscar fuera
de mí?
Antonio Méndez Rubio, Va verdad, Vaso Roto Poesía, 2013.
"Una crisis tiene también sus ventajas, eso afirma en cualquier caso la gente que no está pasando por una crisis. La ventaja principal de una crisis, afirman, consiste en llenar de dudas a quien pasa por ella. Por ejemplo: el antiquísimo hecho de que lo que ocurre y se piensa y se siente de modo simultáneo no se puede reproducir de modo simultáneo en la escritura lineal sobre el papel me preocupa tanto, que las dudas sobre mi fidelidad a la realidad en mi trabajo de escribir pueden aumentar hasta convertirse en casi imposibilidad de escribir."
Christa Wolf, La ciudad de Los Ángeles o El abrigo del Dr. Freud, Alianza, 2012.
Por exemplo, as coisas que faltam neste lugar:
uma enxada para que as mãos não toquem na terra,
um ninho de pardais no canto da relha,
para que um ruído de asas se possa abrigar,
um pedaço de verde no monte que ainda vejo,
por detrás dos prédios que invadem tudo.
Mas se estas coisas estivessem aqui,
também faria falta um copo de água para ver,
através do vidro, um horizonte desfocado;
e ainda os restos de madeira com que,
no inverno, é costume atiçar o fogo
e a imaginação que ele consome.
Como se tudo estivesse no lugar,
pronto para ser usado na data prevista,
sento-me à janela, e fixo a única coisa
que não se move:
o gato, hipnotizado por um olhar
que só ele pressente.
Nuno Júdice, Meditação sobre Ruínas (1995)
Aunque muchos lo podrán entender sin la traducción, improviso una versión del poema:
Cotidiano (Reflexión)
Por ejemplo, las cosas que faltan en este lugar:
una azada para que las manos no toquen la tierra,
un nido de gorriones en el canto de la reja
para que un ruido de alas se pueda abrigar,
un pedazo de verde en el monte que aún veo,
por detrás de los edificios que todo lo invaden.
Pero si estas cosas estuviesen aquí,
también haría falta un vaso de agua para ver,
a través del vidrio, un horizonte desenfocado;
e incluso los restos de madera con que,
en el invierno, se acostumbra atizar el fuego
y la imaginación que él consume.
Como si todo estuviese en el lugar,
listo para ser usado en la fecha prevista,
me siento junto a la ventana, y miro la única cosa
que no se mueve:
el gato, hipnotizado por una mirada
que sólo él presiente.
ce rien qui advenait
à l’instant où tu disparaissais
ce rien qui advenait
à l’instant où je regardais où
tu ne regardais pas
à l’instant où je regardais où
tu n’etais plus
où je n’etais pas
ce rien qui advenait
à l’instant
pas même une parole
pour dire ce rien
Amina Saïd, L'absence l'inachevé, Paris, Éditions de la Différence, 2009.
Abre a porta e caminha
Cá fora
Na nitidez salina do real
Sophia de Mello Breyner Andresen, Musa, 1994.
(Hoy, sin buscarlo, he vuelto a leer a Sophia de Mello, sorprendido de nuevo por su contundencia. ¿Sin buscarlo? A veces el azar de los ojos recorriendo los lomos de los libros hasta detenerse donde no se esperaba contiene una necesidad.)
A veces se vuelve a ciertos poemas como se vuelve a ciertas películas (me ocurre de un modo diferente con la relectura de novelas, sería largo explicarlo aquí). Como se vuelve a ciertos recuerdos, acaso compartidos. A veces, poemas, películas y recuerdos forman un entramado de hilos que se enlazan entre sí: Debió de ser a mediados del curso 1995-1996 (el último de la carrera) en Madrid, cuando, en el último piso de estudiantes, mi tocayo Daniel Izeddin (quién sabe dónde andará) y yo nos encerramos durante varias noches a ver y rever la filmografía completa de Woody Allen en vídeo. Una de esas noches, tirado en el sofá ante Hannah y sus hermanas, el personaje interpretado por Michael Caine regalaba a una de las hermanas de Mia Farrow un libro de poesía de e. e. cummings, y, ya en su casa, ella leía dos estrofas (la segunda y la última) del poema que hoy me rondaba la cabeza y que he querido compartir. Claro, al día siguiente me lancé a Visor a buscar la antología (Buffalo Bill ha muerto, trad. José Casas, Hiperión, 1996). Es un poema conocido, y en gran medida una rareza dentro de la obra de cummings. Hacía años que no lo leía, y sólo recordaba el último verso (mi memoria es pésima), así que lo he releído varias veces en ambas lenguas, como quien se adentra en otro tiempo, en otra emoción, y la revive:
en algún lugar a donde nunca he ido,gozosamente más allá
de toda experiencia,tus ojos tienen su silencio:
en tu gesto más delicado hay cosas que me rodean,
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca
tu mirada más leve me abrirá sin esfuerzo
aunque me haya cerrado como unos dedos,
tú siempre me abres pétalo a pétalo como abre la Primavera
(tocando hábil,misteriosamente)su primera rosa
o si tu deseo fuera cerrarme,yo y mi vida
nos cerraremos muy delicadamente,de repente,
como cuando el corazón de esta flor imagina
la nieve cayendo cuidadosamente por todas partes;
nada de lo que podamos percibir en este mundo iguala
el poder de tu inmensa fragilidad:su textura
me domina con el color de sus países,
produciendo muerte y eternidad a cada latido
(no sé qué hay en ti que se cierra
y se abre;pero algo en mi comprende
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)
nadie,ni siquiera la lluvia,tiene unas manos tan pequeñas
Supongo que es una buena traducción, pero siempre suena mejor en la lengua original:
somewhere i have never traveled,gladly beyond
any experience,your eyes have their silence:
in your most frail gesture are things which enclose me,
or which i cannot touch because they are too near
your slightest look easily will unclose me
though i have closed myself as fingers,
you open always petal by petal myself as Spring opens
(touching skillfully,mysteriously)her first rose
or if your wish be to close me, i and
my life will shut very beautifully,suddenly,
as when the heart of this flower imagines
the snow carefully everywhere descending;
nothing which we are to perceive in this world equals
the power of your intense fragility:whose texture
compels me with the color of its countries,
rendering death and forever with each breathing
(i do not know what it is about you that closes
and opens;only something in me understands
the voice of your eyes is deeper than all roses)
nobody,not even the rain,has such small hands
Y aquí, el fragmento de la genial película de Woody Allen que desencadenó mi primera lectura de e. e. cummings, y al que he vuelto tras leer el poema:
El trajín de los grajos que se van y vuelven
como si hubieran errado. Nada
mejor que hacer que mirar pájaros,
si no es mirar árboles,
ahora que son ramas de grumos, materia
de luz tierna casi líquida,
vegetal y violenta, buena
para comer y morir. Casi aún líquidos
endulzan o hipnotizan curvas
de alimento y de náusea. Si
verde fueras, amor, muerte
serías. De la delgada
y de bajo tierra luz. Ahora que
casi es de noche brota el trino
del mirlo punteando en el aire
quieta lluvia imperceptible.
Olvido García Valdés, Y todos estábamos vivos, Tusquets, 2006.
Auguste Rodin, Salammbô (lápiz sobre papel, c. 1900)
Cuerpo en un horizonte de agua,
cuerpo abierto
a la lenta embriaguez de los dedos,
cuerpo defendido
por el fulgor de las manzanas,
rendido de colina en colina,
cuerpo amorosamente humedecido
por el sol dócil de la lengua.
Cuerpo con gusto a hierba rastrera
de secreto jardín,
cuerpo donde entro en casa,
cuerpo donde me tiendo
para sorber el silencio,
oír
el rumor de las espigas,
respirar
la dulzura oscurísima de las zarzas.
Cuerpo de mil bocas,
y todas doradas de alegría,
todas para sorber,
todas para morder hasta que un grito
irrumpa desde las entrañas,
y suba a las torres,
y suplique un puñal.
Cuerpo para entregar a las lágrimas.
Cuerpo para morir.
Cuerpo para beber hasta el fin –
mi océano breve
y blanco,
mi secreta embarcación,
mi viento favorable,
mi diversa, siempre incierta
navegación.
Eugénio de Andrade, Oscuro dominio, Hiperión, 2011.
(Traducción de Blanca Cebollero y Daniel Pelegrín.)
Herbie Hancock ronda con su piano la voz quebrada de Leonard Cohen en esta versión de la canción escrita por Joni Mitchell: The Jungle Line. Esto también es poesía. Es como entrar en un espacio a la vez cotidiano y misterioso y un poco surrealista, esa ciudad conocida en cuyo ritual de sonido y tiempo nunca acabamos de entrar, después de tanto cine y tanta literatura, de tanta televisión y relatos de viajes de otros.
Rousseau walks on trumpet paths Safaris to the heart of all that jazz Through I bars and girders-through wires and pipes The mathematic circuits of the modern nights Through huts, through Harlem, through jails and gospel pews Through the class on Park and the trash on Vine Through Europe and the deep deep heart of Dixie blue Through savage progress cuts the jungle line
In a low-cut blouse she brings the beer Rousseau paints a jungle flower behind her ear Those cannibals-of shuck and jive They'll eat a working girl like her alive With his hard-edged eye and his steady hand He paints the cellar full of ferns and orchid vines And he hangs a moon above a five-piece band He hangs it up above the jungle line
The jungle line, the jungle line Screaming in a ritual of sound and time Floating, drifting on the air-conditioned wind And drooling for a taste of something smuggled in Pretty women funneled through valves and smoke Coy and bitchy, wild and fine And charging elephants and chanting slaving boats Charging, chanting down the jungle line
There's a poppy wreath on a soldier's tomb There's a poppy snake in a dressing room Poppy poison-poppy tourniquet It slithers away on brass like mouthpiece spit And metal skin and ivory birds Go steaming up to Rousseau's vines They go steaming up to Brooklyn Bridge Steaming, steaming, steaming up the jungle line
Confieso que en parte esta frase de la última novela de Houellebecq retrata lo que siento ahora en cuanto a mi trabajo como escritor (aficionado, pero escritor):
-->
“On peut travailler en solitaire
pendant des années, c’est même la seule manière de travailler à vrai dire;
vient toujours un moment où l’on éprouve le besoin de montrer son travail au
monde, moins pour recueillir son jugement que pour se rassurer soi-même sur
l’existence de ce travail, et même sur son existence propre, au sein d’une
espèce sociale l’individualité n’est guère qu’une fiction brève.”
Michel Houellebecq, La carte et le territoire (Flammarion, 2011).
Sí, la soledad del trabajo de escritura es una necesidad, pero llega ese momento, que dice Houellebecq, en que se siente otra necesidad no menos imperiosa, la de dar a conocer a otros lo que uno ha hecho. Coincido en que esa necesidad responde no tanto a la búsqueda del juicio ajeno, sino hacia la confirmación de la existencia de ese trabajo, e incluso de la existencia de uno mismo. La individualidad es apenas una ficción breve en el ámbito de una especie social, dice Houellebecq.
Con una novela que espera editor desde hace más de un año, y otra a medio escribir, estoy desde hace meses entrando en ese territorio de la inexistencia en el plano de lo real: me voy borrando, como si nunca hubiera escrito, como si nunca hubiese estado. Pensarlo me divierte (si no lo pienso, me hundo), escribirlo me salva.