jueves, 20 de octubre de 2011

víspera del agua



Todo le dolía
de tanto que los quería:

la tierra
y su muro de tristeza,

un rumor adolescente,
no de avispas
sino de tilos,

la respiración del trigo,

el fuego reunido en la cintura,

un beso abierto en la sombra,

todo le dolía:

la frágil y dulce y mansa
masculina agua de los ojos,

el carmín derramado en los espejos,

los labios,
instrumentos de la alegría,

de tanto que los quería:

los dulcísimos melancólicos
magníficos animales amedrentados,

un verano difícil
en altos lechos de arena,

el asta delicada de un suspiro,

el comercio de los dedos en ruina,

el arpa inacabada
de la ternura,

un pulso claramente pensativo,

le dolía:

en la víspera de ser hombre,
en la víspera de ser agua,
el tiempo ardido,

ruiseñor estrangulado,

mi amor: mora blanca,

el río
inclinado
hacia las aves,

la desnudez compartida, los juegos matinales,
o si prefieren: nupciales,

el silencio torrencial,

la reverencia de los mástiles,

en el intervalo de las espadas

un niño corre
corre en la colina

tras el viento,

de tanto que los quería,
todo todo le dolía.


Eugénio de Andrade, Oscuro dominio, Hiperión, 2011.
(Traducción de Blanca Cebollero y Daniel Pelegrín.)

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